La gran boda Polaca

La mesa de entrantes

La mesa de entrantes

Las mejores experiencias viajando se consiguen si en el destino conoces a alguien de allí, así tienes más probabilidades de conocer los lugares y las costumbres que si lo haces por tu cuenta.

En este caso, la inmersión fue total, porque fuimos invitados a una boda en Polonia, en las montañas, cerca de la República Checa, cerca de una ciudad que se llama Jelenia Góra. Una boda pequeña, que nos permitió interactuar con los invitados.

La ceremonia se celebró en el ayuntamiento, de duración bastante corta que de la que no os puedo contar mucho más, ya que no entendí palabra. Pero los novios firmaron, asi que el objetivo quedó cerrado.

Cuando salían de la institución, como es costumbre aquí también se les tiró arroz, pero, a diferencia de nosotros, también se les tiraron monedas que ellos recogían después.

La gente tira monedas

La gente tira monedas

Justo después de la ceremonia se dan los regalos, es curioso como todos los invitados se ponen a la cola y los novios los reciben. Dicen que la tradición es que cada uno lleve flores, y despues, lo más normal es llevarles dinero en un sobre. En este caso, en el que la boda era un poco más moderna, ya se avisó que las flores no hacían falta, así que sólo uno o dos regalaron unos preciosos girasoles.

Reparto de los regalos

Reparto de los regalos

Se da un beso a los novios, se les felicitan y les dejan una bolsa que los novios van acumulando a sus espaldas.

De ahí, nos fuimos todos al hotel. Antes de entrar la tradición es que los padres ofrecen a los novios, agua y pan como símbolo para que no les falte de nada.

Los padres ofrecen pan y agua

Los padres ofrecen pan y agua

La boda más que una comida, era una convivencia. Los novios invitaban a pasar la noche en un pequeño hotel de las montañas. Primero comiamos, también cenábamos y al día siguiente compartíamos desayuno y caminata hacia un castillo histórico que había en el lugar, cerrando así la fiesta.

Tengo que reconocer que desde mi acercamiento a una boda polaca, se me ha caído un mito. Antes de asistir juraría que no se podía comer más que en una boda gallega o en una visita a la abuela, pero no es cierto. Esto en Polonia se queda en nada. Os voy a comentar un poquito por encima como fue el menú. Practicamente empezamos a las 4 de la tarde y hasta las 12 de la noche se estuvo sirviendo comida, y no precisamente cosa ligera.

Comenzamos comiendo a las cuatro de la tarde, como os dije, donde se sirvió todo junto, no como aquí, que vamos plato a plato. Como si fuesen raciones nos sirvieron, pasta, carne, pescado, etc… Además, distribuidas por la sala había una mesa con otro tipo de entrantes/acompañantes como pimientos rellenos, ensaladas, etc.. además de una mesa con fruta y otra con bebidas fuertes. Hay que tener en cuenta que ellos no tienen nuestra tradición de sentarse a comer tres horas y después pasar a las copas. Ellos de manera más informal, se van levantando, van pinchando otras cosas y hablan de pie con otras personas de otras mesas.

Además, algo muy importante, en este caso la novia había pasado algún tiempo en España y le encantaba el vino, por eso distribuyó alguna botella de Rioja por las mesas, pero la bebida típica, desde el primer momento que te sientas a la mesa, es el vodka. Empiezan fuerte.

Después de este festín, y de que nos sirvieran un postre, los novios nos indican que podemos ir a tomar una copa o pasear por los alrededores y que nos convocan a las 19:30 para tomar la tarta nupcial, eran las 18:30.

Los novios reparten la tarta

Los novios reparten la tarta

Pues volvemos al cabo de un rato a comer unos buenos trozos de tarta. Ya de aquellas comentábamos lo llenos que estábamos, ingenuos de nosotros que no sabíamos la que nos venía encima.

Con la tarta aún en la mesa, llegó el momento más alucinante de la noche. No había pasado una hora, cuando a las 20:30 aparecen varios camareros empujando una mesa que poco a poco pude visualizar, incrédula, que llevaba encima un jabalí entero, y cuando digo entero me refiero con piel y todo. Nosostros, los extranjeros, que estábamos todos juntos, además de la boca abierta, no podíamos dejar de hacer fotos con el móvil. En un momento, uno de los camareros, como un truco de magia, levantó de la piel y debajo de ella apareció el jabalí perfectamente cocinado. La gente comenzó a levantarse y a hacer cola para que le sirvieran un trozo de esa pieza de caza. La ración no era nada pequeña y hay que reconocer que estaba exquisito, pero no sé si lleváis la cuenta de lo que a esas horas nos habíamos llevado a la boca. Pues aquí no acaba la historia.

El momentazo:llega el jabalí

El momentazo:llega el jabalí

Despues, entre baile y baile, copa y copa, empezaron los camareros a montar unas mesas, como ya era tarde, pensé que estaban preparando algunas cosas para el desayuno del dia siguiente. Pero no. Era la última sesión de comida, así mas o menos a las 11 o 12 de la noche, aparecieron con una sopa típicamente rusa, borch, y unos rollos de carne. Una cosa ligerita. Sin palabras, yo esto ya no pude comerlo.

Lo que más me gustó fue la organización, cada rato, los novios tenían preparada una actividad en la que los invitados interactuaban y hacía el evento muy acogedor y divertido. Una de las que más me gustó es cuando los amigos sentaron a los novios de espaldas, sin que se pudiesen mirar. Y cada uno en cada mano un zapato del  novio y otra de la novia, los amigos les comenzaron a hacer preguntas de la convivencia y de la pareja. Ellos debían levantar según que zapato si eso lo hacía el o ella, y los invitados abucheaban o aplaudían según si coincidían en la respuesta o no.

Las preguntas de los amigos

Las preguntas de los amigos

Además, se proyectó un video comentado por los novios, en los que aparecían diferentes momentos que los novios compartieron en su vida con cada uno de los invitados.

Otro de los momentos más divertidos, fue cuando la novia tira el ramo a las solteras y el novio se corta la corbata y la tira también a los solteros que hay en la fiesta. Después los afortundos que se han hecho con ellos bailan una pieza juntos.

Una jornada inolvidable, lo pasamos genial y conocimos muchas costumbres polacas. Ya hemos visitado varias veces ese país y lo más destacable es la amabilidad y el buen trato de la gente. Siempre salimos encantados.

La mejor costumbre de la boda y la que debíamos de aprender, es que allí, pese a toda la comida que se sirve nunca se tira, por eso hacen la recena, el desayuno del día siguiente y en la despedida, se da un tuper a cada invitado con sobras y si tienes suerte una botella de vino o vodka.

¡VIVAN LOS NOVIOS!

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